miércoles, 27 de junio de 2018


       PERDIDA EN LA VIDA 


Cuando niños, 
en nuestro hogar,  
nuestra primigenia escuela, 
degustamos los exquisitos 
y los primeros sorbos  
de educación, imbuídos en valores, 
que creíamos, serían eternos. 

La palabra, era garantía, era confianza, 
no se necesitaban papeles ni firmas, 
¿quién se atrevería a incumplirla 
si era la piedra basal de la vida?. 

Ser honestos, leales, bondadosos, 
integraban nuestro diccionario básico, 
eran paradigmas aprendidos en casa, 
que se complementarían más tarde 
en nuestro segundo hogar :la escuela. 

Pero, hoy , ya adultos, 
asistimos anonadados 
a un desbarajuste, 
están alterados los valores, 
ésos que nos elevan 
a seres humanos humanizados, 
y se imponen los códigos, 
como los denominan ahora, 
una confusión que me asfixia. 

No, no es nada fácil, 
comienza una pugna interna, 
dirimir lo que realmente somos, 
con lo que demanda el otro mundo  
aquél, al cual indudablemente, no pertenezco. 

Se siente como un arrebato, 
es como si talaran nuestro árbol, 
justo cuando estaba dando sus frutos, 
y se desmoronara inerme 
sobre nuestra casa. 

Entonces ¿cuál es el camino?. 
¿Vivir como lo siente el alma?, 
o ceder a los artilugios ladinos, 
con los que se regodea un mundo 
astuto, precario y perverso, 
para así menguar el padecimiento 
por poseer valores eternos y no códigos.



Viviana Laura Castagno Fuentes