sábado, 30 de enero de 2016

" EL DUENDECILLO FELIZ" 

Siempre voy a pasear por la inmensidad de un bosque que conozco desde muy pequeña. 
Posee miles de variedades de plantas, flores y árboles altísimos que parecen besar suavemente a las nubes que en el cielo vasto danzan. 
En la base del robusto tronco de uno de ellos, hay una diminuta y preciosa casita muy prolija que llamó mi atención desde hace un tiempo. 
Cada vez que volvía a mi bosque, porque así lo siento, intentaba escudriñarla por dentro, para ver si había alguien allí viviendo ; ¿y saben cuál fue mi gran sorpresa? : atisbar entre los entresijos de la pulcra puertita a un duende pequeñito que estaba degustando su merienda. 
¡Hola señor duende!, le dije con voz bajita para no atemorizarlo, ¿cómo se llama? si puedo saberlo por cierto. 
El pequeño duende salió hasta la puerta y mirando hacia arriba me respondió :"Feliz", le contesté : ¡qué bello es su nombre!, parece que define su vida aquí en este hermoso bosque... ¡Feliz!. 
Hablando siempre con una vocecita muy suave y dulce me dijo : " estás en lo cierto, mi nombre es como la vida que vivo aquí en mi gigantesco bosque, muy feliz y maravillosa". 
Seguidamente me invitó a conocer su casita, debí arrodillarme para poder observarla por dentro, les aseguro que la austeridad era el principal mobiliario ; nada tenía, sólo una camita que un gusano de seda le había obsequiado y una araña habilidosa tejió con esmero. Sobre un honguito que servía como mesita de noche, había una estrellita que bajó del cielo para iluminar la salita amorosa que era toda su casita. 
Afuera, tenía una laguna con agua clara y transparente, me contó que paseaba por ella subido a una media cáscara de nuez con una hoja de helecho que servía como vela para el viento. 
Estaba extasiada observando al duende "Feliz", él había logrado lo que todos deberíamos hacer : vivir sólo con lo necesario, desechar todo lujo y ambiciones desmedidas. 
Sí , hallar a ese duendecillo fue todo un aprendizaje, la naturaleza era su supermercado, de ella obtenía todo y no necesitaba nada, nada de dinero. 
Y así transcurrió el día, sin que me diese cuenta, debía volver a mi casa y despedirme de mi bosque y de mi amigo el amoroso duende. 
¡Adiós amigo "Feliz", ha sido un gran placer conocerlo!, volveré la próxima semana para visitarlo si usted lo desea. 
Me dijo con su voz diminuta como su tamaño : " Te esperaré con agrado, prepararé un pastel con grosellas que crecen aquí cerca y beberemos un té que elaboro con florcitas de rosas mosquetas". 
Muchas gracias amigo duende,hasta la semana que viene, nos veremos por supuesto y celebraremos juntos el habernos conocido, para mi el más bello de los regalos. 
Con usted amigo "Feliz" aprendí la mejor lección de mi vida : " No debemos pretender demasiadas cosas, basta con tener lo necesario y seremos igualmente muy felices con poco". 
! Adiós, adiós duendecillo amigo Feliz, ha sido un gran placer conocerlo!. 

Viviana Laura Castagno Fuentes.